domingo, noviembre 19, 2017

Primer reencuentro con Zacatecas


Esta es Zacatecas, la (parafraseando a un guía de turistas) que tiene rostro de cantera rosada y corazón de plata. Es gracioso que la llamara así, porque a mí me vino a la mente "La bella de cantera y plata" mientras la contemplaba desde la azotea de mi alojamiento esa primera mañana nublada, fría y llena de neblina de las pasadas vacaciones con Hilda.




Mi padre nació en una ranchería llamada Cieneguilla, que supuestamente está dentro de la ciudad. Lo primero que se me ocurrió después de 30 años sin pararme por ahí fue ir a buscarla, y aunque no logré dar con ella, mis pasos me llevaron a revivir tantos recuerdos, de los que apenas tenía un par presentes en la memoria.

Un 8 de septiembre de 1546, cuatro conquistadores españoles buscaban riqueza muy al norte de la recién caída Tenochtitlan. Juan de Tolosa, Cristóbal de Oñate, Baltasar Temiño de Bañuelos y Diego de Ibarra llegaron a cierto lugar donde, sin saberlo, encontrarían esto:


 Vista desde la Tirolesa 840, la segunda más grande del país y tercera de toda Latinoamérica


Así fue como todo empezó. Si bien fueron catalogadas como real de minas, esas tierras ricas en cantera rosa y plata (principalmente) pronto adquirirían fama, fortuna y poder suficientes para recibir del rey de España, Felipe II, el título de Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas.

471 años después, el recuerdo de esos cuatro pioneros está ahí, en pleno Centro Histórico, recordando a todo el que lo ve que —por más que algunos insistan en calificar a la conquista española con el mismo estigma de genocida que otras, como por ejemplo, la inglesa— somos producto del choque y fusión de dos culturas que dieron a luz a una nueva, tan variada a su vez que otorga a cada región su propia identidad, convirtiéndola en algo único y muy placentero de conocer. Tal vez sea por eso que la UNESCO ha reconocido a esta ciudad-monumento como Patrimonio Cultural de la Humanidad





Zacatecas me encanta porque dentro del mismo diseño urbano que brilla con destellos rosados y naranjas bajo el sol, lo mismo te encuentras al señor que vende aguamiel acompañado de su burrito o el carrito del nevero, que un bar dentro de la Mina El Edén o una sucursal de The BeerBox para disfrutar una deliciosa cerveza importada.

Debo confesar que, al dar el primer paseo por la ciudad, me sentí raro al ver edificios con tanta historia, como el Mercado González Ortega o el Portal de Rosales, ocupados por locales comerciales, o incluso franquicias. Hubiera esperado que tanta belleza se mantuviera a salvo del capitalismo salvaje que vivimos en esta época, pero reconozco que poco a poco la vista se acostumbra y terminé apreciando la situación desde el otro lado de la moneda: qué genial que, aunque el crecimiento económico de una ciudad requiera que la actividad comercial se expanda como mancha de petróleo en el océano, Zacatecas haya aprendido de la recesión que sufrió después de ser una plaza clave durante la Revolución y respetado su configuración; que mantenga el amor por su identidad y recuerde cuál es su lugar en la historia mexicana.



¿Qué mejor muestra de eso, que la Fuente de los Conquistadores, que honra a los cuatro pioneros españoles ya mencionados?




¿O el Memorial de los mineros zacatecanos, que se encarga de recordar a quienes se dejaron la piel y los pulmones en las entrañas de la tierra para levantar a tan bella ciudad?




¿O la Plaza Genaro Codina, un íntimo tributo al compositor de la Marcha de Zacatecas, considerada como el segundo Himno Nacional y, además, Himno de la Charrería Mexicana?


Más fotos de esta bella ciudad, aquí.


Hablando de, también está la Plazuela Francisco Goitia, donde, además de honrar al célebre escultor y pintor, todos los zacatecanos encuentran un punto de encuentro para disfrutar actividades culturales al aire libre cada jueves. Ellos son de pocas palabras, pero amables; no te van a regalar una sonrisa sólo porque sí, pero su trato reconforta. Muestra de ello fueron todas las personas que, con gran amabilidad, nos atendieron al visitar restaurantes y museos; el niño al que le compré un "durito" (en otro artículo les explicaré qué son) y se puso a bromear conmigo sobre si estaba crudo, e incluso el oficial de policía al que le preguntamos por una dirección, nos la dio y después nos alcanzó para decirnos que se había equivocado, disculparse y regalarnos el dato correcto.

 Así, con ese semblante serio, al caer la noche y escuchar las primeras notas de una melodía que todo mexicano conoce, se llevan la mano al pecho y recuerdan quienes son con una solemnidad y potencia tal que eriza la piel y agranda aún más el orgullo que siento por tener mis raíces tan profundamente asentadas en esa planicie rosa y plata.



Fotos de la Plazuela Francisco Goitia, aquí.


Prestos estad a combatir,
oíd llamar, suena el clarín;
las armas pronto preparad
y la victoria disputad.
Prestos estad, suena el clarín;
anuncia ya próxima lid,
vibrando está su clamor,
marchemos ya con valor.

Sí, a lidiar marchemos
que es hora ya de combatir
con fiero ardor, con gran valor,
hasta vencer, hasta vencer.
Hasta morir.

Prestos estad a combatir,
oíd llamar, suena el clarín;
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad, suena el clarín;
anuncia ya próxima lid,
vibrando está su clamor,
marchemos ya con valor.

Como huracán, que en su furor
las olas rompen en la mar;
con rudo empuje y con vigor
sobre las huestes avanzad;
no os detengáis, no haya temor,
pronto el ataque apresurad.
Guerra sin tregua al invasor,
viva la patria y libertad.
Viva la libertad, viva.
Viva la libertad, viva.
Que viva, sí, viva.

Oh, patria mía, tu hermoso pabellón
siempre sabremos llevarlo con honor.
Oh, patria mía, tu hermoso pabellón
siempre sabremos llevarlo con honor.

Prestos estad a combatir,
oíd llamar, suena el clarín;
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad, suena el clarín;
anuncia ya próxima lid,
vibrando está su clamor,
marchemos ya con valor.

Como huracán que en su furor
las olas rompen en la mar,
con rudo empuje y con vigor
sobre las huestes avanzad;
no os detengáis, no haya temor,
pronto el ataque apresurad.
Guerra sin tregua al invasor,
viva la patria y libertad.
Viva la libertad, viva.
Viva la libertad, viva.

Que viva, sí, viva.




Now Watching: Bengals vs Broncos


Saludos Enfermos.


miércoles, noviembre 08, 2017

Top10: Los Mexicráneos más bellos @Paseo de la Reforma


Como cada año, los días que los mexicanos dedicamos al festejo de Día de Muertos están cargados de gran emotividad y recuerdos de aquellos a quienes amamos y ya no están con nosotros.

Muchos ya levantamos las ofrendas de nuestras casas, pero quedan, además de las sonrisas nostálgicas y lágrimas de añoranza, algunos ecos de mi festividad favorita flotando en el aire, como despistados pétalos de cempasúchil que tardan en encontrar el camino de regreso al camposanto: Coco está en cartelera (¡vayan a verla, pero asegúrense de llevar suficientes pañuelos desechables!) y la exposición Mexicráneos sigue maravillando a los transeúntes sobre avenida Paseo de la Reforma.




El esfuerzo conjunto entre el Gobierno de la Ciudad de México, el Fondo Mixto de Promoción Turística, Casas Funerarias J. García López y Locos por el Arte, S.A. de C.V., permite que quienes visitan (o habitamos) la #CDMX disfrutemos el trabajo de 50 artistas plásticos que engalana el tramo del Ángel de la Independencia hasta la Glorieta de la Palma. Todas las piezas están increíbles, sobre todo una en especial que me hubiera encantado traer a casa en la memoria de mi cámara, pero al estar protegida dentro de una caja de acrílico, el reflejo de la luz no me hubiera permitido obtener una foto que le hiciera justicia.

Para compensar, me di vuelo con las otras 49 y me tomé la libertad de elegir mi Top10, tarea complicada al tener que dejar fuera a varias que también son hermosas. Se los comparto —sin orden de importancia— con un enlace dentro del nombre de cada autor para que conozcamos un poco más de su increíble trabajo. ¡Vámonos recios!


10.- Pablo Castillo — Sin título



9.- Luis Masana ArenasPopol Vuh 2.0



8.- José Esteban Martínez — Homenaje a mis seis minutos con la Muerte



7.- Victor Hugo ReyesSkull



6.- Jorge Mahdez — Sobre mis orígenes



5.- Agustín Castro y Agustín Portillo — Sin título



4.- Ricardo Nettel — Nada eterno



3.- Mother Monkey — Monkey Mictlán



2.- Omar de Regil — Sofi & Tábata



1.- Majo Alonso — Resilencia




Aquí pueden ver el resto de la galería. ¿Cuáles agregarían, cuáles quitarían? elijan a sus favoritas y no olviden que pueden visitarlas hasta el 18 de noviembre. ¡No se las pierdan!






Saludos Enfermos.



miércoles, noviembre 01, 2017

Conversando con el inquilino principal del Museo de las Momias de Guanajuato




—¿Qué hago aquí?

—Moriste.

—¡Eso no puede ser! estaba de vacaciones, mi novia y yo vinimos a Guanajuato para festejar nuestro aniversario. ¿Dónde está Hilda?

—No está aquí.

—¿¿¿Dónde está Hilda???

—No lo sé.

—¡Que me digas, maldito seas!

—No lo sé. Pero por el tiempo que ha transcurrido, seguramente está muerta también, si no es que le falta poco.

—¿¿De qué hablas?? ¿A qué te refieres con "tiempo"?

—Llevas aquí un par de años, aunque cuando te trajeron ya te veías algo...gastado. Le pregunté al encargado de dónde venías; dijo que un alacrán te picó mientras dormías y fuiste a dar al Panteón Municipal de Santa Paula, aquí en la ciudad. Quizá perteneces a ese 1 o 2% de afortunados que, gracias a los gases, sales minerales y sequedad del terreno y las criptas, se volvió digno de estar aquí.

—...

—Oye...

—¿Sí?

—¿Cuánto tiempo llevo así?

—Si te refieres a cuánto llevas muerto, no lo sé; quizá, por cómo luces, unos 50 años.

—No me jodas...¿y mi familia? ¿Mi sobrina, mi novia, mis amigos? ¿Eso significa que ya murieron?

—Yo sólo soy un inquilino más, como tú. ¿Qué quieres que te diga? Uno de los "afortunados y famosos". De hecho, gracias a mí estás aquí. Pero comencemos por el principio; me llamo Remigio Leroy. ¿Quién eres tú?

—Soy Daniel Méndez Cárdenas. Tengo...tenía...34 años, hasta donde me quedé. Vine a Guanajuato en 2017, y ahora que mencionas tu nombre, te recuerdo. Hilda y yo visitamos este lugar unos días antes de que todo acabara, incluso hice fotos muy buenas de todos ustedes. ¿A qué te refieres con que gracias a ti estoy aquí?

—Bueno, no es complicado de explicar. Por ahí de 1865, el gobierno guanajuatense tuvo a bien exhumar los cadáveres de los inquilinos del panteón cuyos familiares no estuvieran al corriente con los pagos. Y es que ya sabes, morirse es carísimo; entre el entierro, la cripta, el mantenimiento y el pago de derecho de piso, a nuestras familias les resulta más fácil dejar que vayamos a una fosa común, o al crematorio, donde terminamos mezclándonos con las cenizas o los huesos de quién sabe qué hijos de vecina. El punto es que, cuando me sacaron, les pareció increíble que me viera tan guapo después de cinco años bajo tierra, así que me metieron en esta catacumba, donde los curiosos pagan por verme.

—Pero eso no explica por qué estoy aquí; mi familia me amaba, mi novia también. No es posible que me hayan dejado aquí, a tantos kilómetros de casa.

—Escuché que te gustaba mucho viajar; quizá creyeron que era buena idea dejarte aquí, en tu última morada dentro del mundo de los vivos. O quizá, en realidad, no les importabas. ¡Quién sabe! los vivos son tan volubles a veces...

—¡Cállate! ¿Tú qué sabes de ellos? No te atrevas a decir que me abandonaron, tú no sabes nada. No eres más que un saco viejo de pellejos y huesos.

—Me parece, guapo, que no te has visto al espejo últimamente. Voltea hacia ese espejo, el que está al fondo.

—¿¿Pero qué mierda?? ¿Qué carajos me pasó? ¿¿Qué tiene mi boca, por qué está así?? ¡Esto no tiene sentido! ¿Por qué no puedo cerrar la boca?

—Sé que luces repugnante, pero ya te acostumbrarás. A menos que el escorpión te haya asustado mucho (no creo, ¿o sí? no eres tan delicadito) y te hayas quedado tieso con cara de terror, estás así porque tu piel y músculos de la mandíbula y maxilares se contrajeron, tus tendones se secaron y ya no tienes soporte. Pero no te preocupes; todos aquí tenemos la misma expresión.

—Entiendo...¿cuántos estamos aquí? todos parecen muy agradables, seguro habrá tiempo de sobra para conocerlos.

—¡Vaya que sí! habemos de todo: yo soy la estrella del lugar; también hay muchos niños con quiénes jugar, algunos que fueron enterrados vivos por error...¡incluso una chica y su bebé, quien aún estaba dentro del vientre cuando ella murió! Usualmente somos 111 momias, pero no creas que todos llegamos juntos; como te dije, yo fui el primero. Otros más llegaron al poco tiempo, la familia ha crecido desde 1865 y, hasta que llegaste, no teníamos a alguien nuevo desde 1989. A veces nos dejan conservar un poco de nuestra ropa, para que la gente sepa desde cuándo habitamos este lugar. Eso sí, no siempre estamos todos. Algunos salen de paseo, se los llevan a Estados Unidos o a otras ciudades de México, como Yucatán, Monterrey o Puebla; ellos son nuestros embajadores, pero lo más sabroso, lo pegadito al hueso, como se dice, está aquí. Y ahora, ¡atento! que aquí viene un grupo de curiosos. Es gracioso que en pleno 2065 sigan sintiendo fascinación por nosotros. Me recuerdan un poco a ti cuando viniste por primera vez, sin saber que terminarías siendo parte del show. ¡Sonríe! que aquella de cabellos rojizos y ojos grandes que se parece un poco a ti está apuntando con su cámara hacia acá.



Más fotos, aquí.



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El Museo de las Momias de Guanajuato se encuentra en el centro de la ciudad, en la explanada del Panteón Municipal de Santa Paula. La entrada cuesta 55 pesitos, mas los 7 u 8 que cobra por hora el amplio estacionamiento para 70 unidades. ¡No dejen de visitarlo, sobre todo en estas fechas! está abierto de lunes a jueves, de 09:00 a 18:00, y los fines de semana cierra media hora más tarde.


¡Feliz Día de Muertos!






Saludos Enfermos.


jueves, octubre 26, 2017

El Teatro Juárez @Guanajuato




Algo tienen los teatros de otras ciudades, que atrapan con gran poder mi atención. No es que reniegue de la joya arquitectónica que tenemos en la figura del Palacio de Bellas Artes u otras de la CDMX; quizá sólo es que la información que encierran esos lugares, tan lejana y ajena a mí salvo por lo aprendido durante las lecciones de Historia en la escuela, se siente tan viva dentro de esos recintos, como si —precisa y apropiadamente— el telón se levantara para mostrarme sus secretos; como si pudiera ir hacia atrás en el tiempo y mezclarme entre toda esa gente con usos ahora en desuso y costumbres actualmente desacostumbradas.

Eso me sucede con el Teatro Juárez, en la ciudad de Guanajuato. La fijación de Porfirio Díaz por la cultura europea (más en concreto, por la francesa) enmarcaba con soberbio lujo el refinado gusto de la sociedad pudiente de aquel entonces a través de láminas de oro, estatuas de bronce y mármol de Carrara. ¿Qué decir de la fachada y salón principal, cuyo diseño está inspirado en el Théâtre Royal de la Monnaie, en Bélgica? no es casualidad que la edificación de este portento tuviera un costo de 550 mil pesos de la época.




A este recinto llegaban a bordo de suntuosos carruajes todos los caballeros de rancio abolengo, siempre dispuestos a departir sobre los negocios: el ganado, la minas, la hacienda, el progreso y la modernidad que el presidente Díaz trajo para todos ellos, sin importar si los de abajo sufrían o no, porque, al final, ¿qué derecho tenían a respingar? El progreso era para quienes dominaban la economía (algo que no ha cambiado mucho hasta nuestros días). Disfrutaban tertulias que se convertían en increíbles desfiles de pipas, guantes y sombreros, pero también corsets y abanicos, pues hacían acto de presencia acompañados siempre de sus distinguidas esposas e hijas, envueltas en una deliciosa estela de finos perfumes franceses y listas para hacer gala de las habilidades que las convertían en dignas integrantes de la alcurnia guanajuatense: hablar francés, cantar ópera, saber bordar, tejer, dibujar, tocar la guitarra, el piano, el cello y el violín, además de declamar poesía. Ignoraban lo que estaba por suceder en todo el país, confiados y sintiéndose a salvo envueltos en su riqueza, mientras afuera, en el campo, se fraguaba la Revolución.

Hoy, a poco más de un siglo de distancia, el Teatro Juárez conserva no sólo la capacidad de transportarnos al pasado envueltos en esa aura misteriosa que se siente apenas cruzar sus puertas, sino su porte como escenario principal, año con año, dentro de las actividades del Festival Cervantino. A sus puestas en escena ya no acude la rancia crema y nata de una sociedad elitista, sino una multitud de espíritus jóvenes y libres ávidos de cultura y conocimiento.


Más fotos, aquí.


El #Cervantino2017 está a escasos tres días de terminar, pero si andas por allá y tienes oportunidad, no dejes de visitar este maravilloso inmueble y disfrutar los dos eventos que aún quedan por realizarse en él. Siente la magia.




Now Watching: Dolphins vs Ravens


Saludos Enfermos.


domingo, octubre 22, 2017

Dos paraísos de silencio y calma en @Guanajuato


La Presa de La Olla y el Parque Florencio Antillón forman un tándem perfecto para pasar toda una tarde en ese rincón de la bella Guanajuato.

La primera ha acompañado los paseos de lugareños e incontables visitantes desde 1741, y celebra la fiesta de la apertura de sus compuertas cada primer lunes de julio para conmemorar los 266 años que lleva proveyendo de agua a toda la ciudad. Disfrutar una rica garnacha a la entrada de la presa es un must, mientras se contempla el bonito paisaje que la tarde ofrece: la torre de la presa con el Cerro de La Bufa enmarcándola (sí, Guanajuato también tiene un cerro llamado así, aunque nada que ver con el de Zacatecas), los músicos locales que amenizan la hora de la comida con algún corrido, las parejas disfrutando un relajante paseo en lancha sobre la superficie. El tiempo, sencillamente, no corre.

El resto de la galería, acá.


Para después de comer y combatir al terrible mal del puerco, nada como recorrer las orillas de la presa y descubrir los rincones por los que el agua escurre, creando pequeñas cascadas sobre la roca llena de musgo, hasta llegar a la cortina que, pese a no ser tan alta como en otras presas (la San José, en San Luis Potosí, por ejemplo) sí obsequia una bonita perspectiva del otro protagonista de este post: el Parque Florencio Antillón.

Caminar entre flores, eucaliptos y fresnos mientras se siente la brisa del agua que alcanza a escapar de la cortina tras un verano ligeramente lluvioso es lo mejor que hay, lo mejor que puede ofrecerte un jardín tan apacible como este: aislarte del bullicio en un rincón de la ciudad para darle unos besos a tu querer o disfrutar un buen libro en una de sus bancas.

Hablando de lectura...¿sabían que el Parque Florencio Antillón, inaugurado en 1875, se llama así desde 1902 en honor al general que, siendo gobernador del estado, realizó las obras que dieron vida al paseo de la presa? sin embargo, y haciendo a un lado la costumbre mexicana de engrandecer a gobernantes y militares, este rincón guanajuatense resguarda los restos de alguien cuyo recuerdo, pese a estar marcado por el nombre de su bisabuelo, es capaz de brillar con luz propia.


Más fotos, aquí.


¿Les suena "La ley de Herodes"? bien, pues si recorren el Parque Florencio Antillón encontrarán una modesta tumba correspondiente a Jorge Ibargüengoitia, autor de esa y otras magníficas creaciones que forman parte del acervo literario que todo mexicano debería estar obligado a conocer.

Por eso, si les late la lectura y están de visita por allá con motivo del Cervantino, no duden en darse un break entre tanto ajetreo, dirigir sus pasos hacia ese agradable rincón y honrar la memoria del célebre escritor disfrutando una de sus obras (algunas de ellas las pueden encontrar en este enlace). Lo merece.






Saludos Enfermos.