jueves, julio 25, 2013

Los Boicoteables presentan: Selección Mexicana de Fútbol






Si después de lo que sucedió anoche con la Selección Mexicana de Fútbol alguien quiere seguir comprando espejitos, perdón, pero qué pendejo está.

Dejemos de lado el patrioterismo y seamos objetivos al analizar: tenemos frente a nosotros a un equipo mal entrenado (olvidando que se trataba de una "alineación alternativa", el equipo titular está igual de jodido). Es culero porque el fútbol hace mucho dejó de ser un entretenimiento para convertirse en una mafia que manipula masas vendiéndoles playeritas, entradas a estadios (que hasta en forma de membresías vienen) y esperanzas que nunca, que yo recuerde, se han visto cristalizadas en un torneo de categoría mayor. Se habla de niños héroes menores de 17 años que ganan mundiales de su categoría, pero se les diviniza y para cuando llegan a la selección mayor, están convertidos en unas divas huevonas e individualistas que no logran conectarse entre sí, incapaces de dar a la afición que les sigue incondicionalmente -con patético borreguismo, la mayoría de las veces- una satisfacción que, aunque no justificable, sí es bien merecida por lo menos en correspondencia con el apoyo otorgado.

Hagamos memoria y tratemos de contar los logros de alto octanaje de nuestra Selección no solo en esta época de crisis extrema, sino a través de la historia:


La selección mayor ha conseguido la Copa FIFA Confederaciones en 1999...y párale de contar, porque todo lo demás son mamadas de Copa Oro (sí, en la misma que acaban de cagarla, y durísimo) amén de participaciones que van de lo mediocre a lo bueno a secas en Copa América, otras ediciones de la Confederaciones, y nunca pasar de los octavos de final en el Mundial.

La Sub-23, que es la que usualmente va a los Olímpicos, ganó la medalla de oro el año pasado en London 2012. De ahí en fuera funciona igual que su similar mayor: puros torneítos pedorros de la CONCACAF.

La Sub-20 ha sido subcampeona mundial de la categoría en 1977, y tercer lugar en 2011. en más, la misma cosa que los otros: puras chingaderas de la región.

La Sub-17 es la única que le ha pagado de manera más o menos justa a la afición, con los campeonatos mundiales de la categoría en 2005 y 2011. El pedo con ellos es lo que mencionaba líneas arriba: en cuanto se afianzan dentro de la Primera División y empiezan a firmar contratos y a salir con putitas de la tele (¿verdad, Giobrandy Dos Tragos?) nada más no valen un kilo de verga frita y por eso tenemos el fútbol mediocre que me orilla a escribir cosas como esta en vez de usar mis letras para algo más agradable.

La Panamericana ha ganado cuatro medallas de oro (la última en 2011), tres de plata y dos de bronce. Para ser una potencia latina (o eso dicen en la tele a cada rato como si estuvieran rezando el puto padrenuestro), nueve medallas son una miseria.

De entre todas las participaciones en Juegos Centroamericanos, hay doce medallas que se distribuyen de la siguiente manera: cinco oros, seis platas y un bronce. Disfrutando de remarcar lo evidente, diré otra vez que una potencia de su zona, una potencia de verdad, no se anda con mamadas de tener solo doce medallitas cuando se enfrenta a equipos centroamericanos, teóricamente menos talentosos y técnicos que el nuestro.


...y párale de contar. Fuera de esto que mencionaba, todo lo demás son pendejadas que han ganado en torneos que sirven solo para llenar estadios y vaciar bolsillos. Me encabrona la manera en que las televisoras, poderosas inversionistas dentro del desmadrito económico del fut, ensalzan a esta runfla de inútiles; un domingo, justo el día que comenzaría la Copa Oro (y con la vergüenza de la Confederaciones aún fresca en el ánimo colectivo) me tocó estar en casa con mi papá. Él estaba viendo el noticiario de Televisa Deportes (no sé por qué insiste en ver esa mierda si tenemos televisión de paga) mientras almorzábamos, así que me tuve que chutar la sarta de lamidas de riata que le estaba pegando nosequépendejo comentarista a la Selección: multicampeones del torneo, máximos goleadores, que se trataba un torneo importante para pulir los detallitos que faltaban y retomar la eliminatoria mundialista como una máquina perfectamente aceitada.

Nada más alejado de la realidad: México hizo el ridículo en la Confederaciones, hizo un ridículo aún mayor en la Oro, lleva una eliminatoria lamentable con un tercer lugar que se puede atribuir más a la falta de competitividad de la zona que al talento de nuestros jugadores, y se viene un partido crucial frente a la motivada Honduras. Sinceramente, espero que Honduras les ponga un baile, que la eliminatoria siga siendo tan mediocre como hasta ahora y que no clasifiquen al Mundial; y lo digo solo porque soy fan del método experimental, porque me da mucho morbo pensar en las posibles reacciones de la afición.

Si yo fuera un pambolero promedio al que la televisión le ha llenado la cabeza de nubes de algodón azucarado color rosa, hubiera hecho la siguiente lista de deseos guajiros para este año:


1.- Eliminatoria mundialista: Paso invicto (permitidos algunos empates), con victorias aplastantes de mínimo tres goles de diferencia. Estamos en la CONCACAF, no mamen, ni que nos estuviéramos eliminando contra Argentina, Brasil o Uruguay.

2.- Copa Confederaciones: Figurar entre los tres primeros lugares como requerimiento mínimo, teniendo en cuenta que en ese torneo hubo por lo menos dos equipos que nominalmente eran superiores al mexicano.

3.- Copa Oro: Primer lugar obligatorio. Así, sin vuelta de hoja. Si estás compitiendo contra rivales del nivel de los que enfrentas en la CONCACAF y la tele dice que les vamos a ganar a todos, cualquier otra cosa es una inmundicia.


A estas alturas dudo mucho que suceda, pero sería genial ver si la gente por fin hace el esfuerzo de poner a un lado la pasión que despierta el deporte y asume el papel que le corresponde: el de un consumidor defraudado por la marca de su preferencia (ya que estamos en el tema de que el fútbol es negocio). Tenemos tres requerimientos de carácter obligatorio, e igual número de decepciones. ¿Realmente estamos dispuestos a seguir consumiendo los productos y servicios de quien nos decepciona? ¿continuaremos dejándoles ganancias millonarias? Si hacemos un ejercicio simulando que cada mexicano compra una playera de la Selección, así sea una sola en toda su vida, habría que multiplicar 100,000 ingenuos, por $999.00 que gastaría cada uno de ellos en la tienda Martí de su preferencia, obteniendo la pornográfica suma de $99,900,000.00 (o sea, noventa y nueve millones y novecientos mil pesos, sin centavitos). ¡De puras playeras! un pants cuesta como $1500.00; una entrada al estadio...no sé cuánto cueste actualmente, pero las cervezas y alimentos dentro del mismo no son nada baratos. Toda esa es plata que se va a las arcas de personas a las que les importa una mierda desde el enojo de los aficionados que nos damos cuenta de cómo funciona este desmadre, hasta las conmovedoras y ridículas lágrimas de quienes parecen basar su felicidad en el marcador de un partido de fútbol.

Como están las cosas, puedo decir sin ningún temor a equivocarme:

Me cago en la Selección, y me sobra mierda para las televisoras

Allá ustedes si siguen apoyando a esta bola de parásitos mediocres; yo paso totalmente hasta ver los resultados que merecemos ver. Nada de comprar otro jersey, ir al estadio o ver las transmisiones por Televisa o TvAzteca, que son las más beneficiadas junto con la Federación Mexicana de Fútbol, y los dueños de los equipos (y del fútbol) de este país. No más consumo a las marcas que patrocinan a los equipos (ni pedo Chivas, también te vas a la verga con todo y Osito Bimbo, que tampoco me tienen muy de buenas que digamos). A todos esos ojetes que permiten que el deporte se desvirtúe de una manera por demás infame, les juzgo culpables y les condeno a recibir el premio máximo a la ignominia otorgado por mi recabrón criterio: el Raspupito Award. Chúpense esa culeros, y vayan a metérsela bien ensalivada por el orto a Emilio Azcárraga.




¡Lo olvidaba! felicidades a la banda panameña que pase por acá; hay que reconocer que su equipo sí hizo lo que tenía que hacer, y merecidamente está en la final. Por favor, rómpanle el culo a patadas a esos pinches gringos. Latinoamérica entera lo agradecerá.




Now Playing: Household stereotypes - Ligeia


Saludos Enfermos,


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Edith Avendaño dijo...

Me diviertes como nadie, tu me ayudas a explicar lo que ayer le decía a un gran amigo, decir groserías por el placer de decirlas, no por carecer de vocabulario sino porque expresa tu sentir, jajajaja, bien por tu texto

la MaLquEridA dijo...

Ojalá no vayan al Mundial, no lo merecen.

Saludos

Daniel Mendez dijo...

Edith: Ya sabes lo que dicen, hasta para ser vulgar hay que tener estilo, jajaja.

Malquerida: De verdad, ojalá que no vayan. Me mata la curiosidad de ver cómo va a reaccionar la gente.


Saludos Enfermos.