jueves, julio 20, 2017

Los sabores de Huatulco


Después de los anuncios parroquiales de la semana pasada y retomando el tema de los tesoros gastronónicos que Hilda y yo encontramos en Huatulco, después de abrir el apetito en Mezcal Chahue nos fuimos raudos y veloces a La crema bar, en el centro de La Crucecita, donde disfrutamos una deliciosa pizza frutti di mare repleta de camarones y pulpo.




Las bebidas también son buenísimas; Hilda se tomó una fresada y yo un Alabama slammer...la neta no recuerdo qué le ponen, pero estaba regañón y muy, muy rico.




A la mañana siguiente fuimos al Mercado 3 de Mayo para buscar con qué curar mi ligera cruda (ok, Hilda no se dio cuenta de que andaba crudo y me acabo de balconear, jeje) y para eso, ¿qué mejor que una michelada con camarones en el Comedor Xochitl? Sí, sé que siempre he pecado de purista y he dicho que la cerveza se toma sola, pero ¿alguien de verdad podría resistirse a esto?




Ya restablecido y para no perder el tono...vean este delicioso caldo de mariscos. Atención a la cola de mojarra que asoma del plato, porque...





...así quedó el pobre cuando terminé con él.





Nunca he sido de perdonar el postre y esa no sería la ocasión. El pan y el chocolate no solo estaban riquísimos, sino que este último fue preparado a la manera tradicional por el joven muxe que con tanta presteza nos atendió: tomando el molinillo y dándole duro hasta hacerlo espumar. Ver cómo lo preparó definitivamente fue un plus.




Otro día, en el recorrido que dimos por Mazunte, paramos a comer en un restaurant del pueblo; Hilda pidió una mojarra y me invitó un taco; estaba deliciosa, pero como no le tengo la paciencia para estar sacándole uno por uno los huesitos mejor pedí mi especialidad: un mix de camarones que incluía una muy buena ración de estos crustáceos preparados a la diabla, al mojo de ajo, a la mantequilla y estilo BBQ. Si se les hizo agua la boca al leer, miren esto:




Hablando de camarones, y aunque más chiquitos, los que venden en los locales de la Bahía Santa Cruz no desmerecen, acompañados de un filetito de pescado empanizado, arroz y ceviche.




De regreso al centro de La Crucecita, caímos en la cuenta de que no habíamos probado uno de los platillos más tradicionales de todo el estado: ¡las tlayudas! así que, ni tardos ni perezosos, entramos al Restaurant bar El grillo marinero y pedimos una de esas deliciosas tortillotas acompañada de todo lo que debe llevar: tasajo (lo que nosotros conocemos como "cecina", o sea, la carne salada), cecina (los oaxaqueños le dicen así a la que en la CDMX se le conoce como "cecina enchilada"), chorizo, quesillo de Oaxaca, aguacate y jitomate.




Para rematar, ¡y vaya forma de hacerlo!, fuimos a buscar algún otro restaurant en el centro del pueblito a la hora de la cena. Dimos con Tostados Grill, un lugar con todo el punch de la cocina oaxaqueña aderezado con un toque nice que se nota, sobre todo, en la presentación que dan a los alimentos. Como teníamos un chingo de hambre, se nos hizo fácil pedir una cosa de la que no recuerdo cómo se llama, pero incluía "mini-probadas" de la comida más representativa de Oaxaca. Así, lo primero que llegó a nuestra mesa fue una charola de cuatro quesos: quesillo de Oaxaca, requesón, queso de rancho y otro del que no estoy seguro si era queso plamela o queso badera. Agréguenle el guacamole, una generosa dotación de chapulines y un putazote de totopos, y el resultado es...




¡Que cuando terminamos con eso ya estábamos llenos! pero como aquí somos valientes y no payasos, le entramos también a las tres variedades de mole que llegaron en el segundo tiempo: rojo, negro y verde, todos cubriendo, cada uno, una buena pieza de carne de cerdo.




A estas alturas del partido ya no nos entraba ni aire. Hilda se rindió y no quiso más, pero yo todavía tuve la osadía de zamparme una de las dos rebanadas de tlayuda que llegaron en el tercer tiempo.




Sobra decir que no nos terminamos todo y me sentí bastante frustrado por eso (no soporto la idea de dejar mi plato a medio comer, neta me pone muy de malas), pero si así salimos rodando, ya me imagino cómo hubiera terminado. Cuando le dije a la mesera que las porciones de comida estaban bárbaras, me dijo:


—Ustedes no son de aquí, ¿verdad?
—No...¿por que?
—Es que los oaxaqueños comemos mucho.
—¡Ya lo noté!


Como verán, las hermosas playas, los manglares, la sierra, el mezcal, la mismísima Guelaguetza, son todos factores que convierten a Oaxaca en uno de los destinos turísticos más importantes del país. Ya sea que visiten la zona central, la serranía o la costa, siempre regresarás a tu ciudad con un inolvidable y delicioso sabor de boca. ¿Qué esperas para visitarlo? Mientras te decides...nos leemos en el próximo post, que de tanto ver ya me dio hambre. Bon apettit!






Saludos Enfermos.


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CarlosMxAx dijo...

pero, eso comiste tan solo en una salida???
yo me bastaba con la pizza, pero si invitan no quedo atrás...
saludos!

Daniel Mendez dijo...

Jejeje bueno, es que la salida fue de cinco días en aquel paraíso, no creas que soy tan tragón. Y claro, bienvenido a la próxima, esa pizza estaba excelsa.